jueves, 7 de noviembre de 2013

171 al 190


171.
Niños,
tan niños,
que las botas aún nos quedan grandes,
tan niños, que jugar es mejor,
lanzar tizas y comprar en el recreo,
eran un reto superado,
cósmico, centella, los súper amigos,
todos reunidos en domingo,
frente al televisor de blanco y negro.

Ahora no veo a mis amigos,
sus fotos sin embargo,
pasean por un álbum viejo,
que ya no me pertenece,
al que le di mi pasado,
mi padre, y sus cartas,
y no saber leer,
pero no importarme.

Los dibujos ya no son de lo de siempre,
ahora se ven las letras,
lo que aprendo en el cuaderno de ferrocarril,
tiempos aquellos, diría mi abuela,
y tiempos aquellos digo yo,
ahora que me le parezco.

172.
Que lindo ver el agua,
en los arroyos reflejada,
de mi infancia desteñida,
raída y ensuciada.

Que delicia el agua fresca,
ahora en mi espalda,
detenida.

Que sutil momento me aguarda mañana,
cuando el bus pase a las seis,
y yo no esté en el paradero,
con mi pelota de Básquet,
con mi regla de 50cm.

Bellos días aquellos los de mi infancia,
bellos días estos que me los recuerdan,
tranquila, serena mi conciencia,
ahora por fin confesada.

173.
Revive en mi memoria tu figura,
y canto tu encanto a la ventana,
roza mis manos tu existencia,
y ruego a Dios que sea cierto,
este sueño que empieza a desbordarse.

En mi cabeza hay campanarios,
hay flores en tu pelo,
las luces empiezan a encenderse a lo lejos,
y empieza mi corazón a alegrarse por ti,
como el amor.

Ruega entonces por mí a lo lejos,
mientras yo de tanto caminar,
nunca camino a tu encuentro,
que es lo cierto,
no lo soñado.

174.
¿Hasta cuando perdurará este cuando?
Pregunta mi voz en las alturas,
y responde mi corazón al rojo,
¡hasta cuando!

El rocío moja mis pies cansados,
y resuena como un trino en mi cobijo,
amparo de tu voz que me responde,
- hasta cuando.

175.
Resuena mi voz en tu silencio,
y es tu voz y no la mía, lo que escucho.

Amarte distinto yo quisiera,
ver tus fotos de otro modo yo quisiera.

Escucharte ahora,
es un castigo,
como es un castigo mi voz cuando te habla.

176.
Ayer le dije al mundo que te amo,
y escuché tus pasos en la escalera,
como un presagio de mi futuro.

Pero ahora tus pasos,
no me dan sosiego,
no me alientan,
me estorban, se diría que me estorban,
ya no me sirven de nada,
no me inspiran.

Como si el conseguirte,
fuera conseguirlo todo,
y morir entonces.

Ya se ha acabado lo que quiero,
lo que deseo y no consigo.

Porque ahora eres presente,
no futuro,
y así, no es necesario que haya mañana.

177.
PREGUNTAS
¿Recuerdan también los sueños?
¿Recuerdan también nuestros recuerdos?
O ¿sólo nosotros damos vida al infinito?
¿Retumban las ideas? O
¿somos nosotros los retumbantes sucesores,
del presente universo transformado?

178.
RESPUESTAS
...Infinito, inútil, absurdo, caos.

179.
Tu cuerpo es ahora como un barquito de cera,
se derrite ante el calor de la vela encendida,
¿qué más hay después de saberlo todo perdido?
Sólo el dolor, que se parece a quien,
sentada frente a mí, pretende ser feliz,
y soy yo misma,
pero distinta.

180.
A veces,
quisiera que el idioma no fuera una barrera,
que nuestros propios muros,
no fueran barreras,
y que conociéramos todo por dentro,
como saber si funciona, o no funciona.

Veo la sonrisa, los dientecitos pequeños,
tiernos, inocentes.
¿En que momento perdieron su rumbo?

Tal vez cuando descubrieron,
que a veces no vale la pena,
seguir vivos.

Ahora soy yo quien castiga con silencio,
y me siento feliz,
porque en el correr del tiempo gana lo bello,
lo que estalla cuando no hay mas cuerda para enrollar.

181.
¿Cómo será el futuro?
¿Cuándo será la utopía?,
y sabemos por dentro que es cierto,
que funciona,
que las cosas, no se terminan aquí,
que todo continúa,
y ese sueño es sólo una pequeña escala,
por la cual ascender.

182.
Veo tus ojos desesperados,
en la vitrina de mi inconsciencia,
escucho pasos en el techo,
y cierro los ojos,
para no seguir viendo las hojas de la mata,
y mi mente martillando.

Camino desesperada en mi cabeza,
laberintos, son todos laberintos,
y la música retumba en mis oídos,
mientras mi pluma se desliza,
y se niega a terminar de existir.

Ahora,
tu también cierras los ojos.

Es azul el vacío,
es negro el futuro,
es verde la montaña que recuerdo lejana,
y es gris mi paso por la infancia.

Vuelvo a cerrar los ojos un segundo,
todo se detiene en un tiritar constante,
a veces agónico,
y vuelve a empezar con furia,
como una pesadilla amarilla, roja y naranja.

Siento asco,
quiero vomitar sobre el mundo,
y que este me engulla y me destruya,
mientras mi cabeza se deja caer sobre sus piernas,
y puede,
por fin dormir,
en un sueño eterno,
profundo y sin arrugas.

183.
Revivo una y otra vez el pasado,
mi estómago descansa en ese recuerdo,
pues ya no me siento tan llena.

La vida es un correr constante,
un buscar permanente,
un no existir en lo absoluto,
y sin embargo,
existir en el momento,
que al parecer es lo eterno,
como lo pequeño,
y lo fugaz,
terminan también siendo eternos.

184.
Centelleantes fulguran mis pensamientos al pensar en ti,
eres el amor de los ojos tristes y claros pensamientos,
eres la vida sentada en mis piernas oscuras,
eres el sueño que sueño al levantarme,
eres la razón de todo lo que no me puedo explicar.

185.
Ahora te estoy amando,
aquí sentada,
viendo como el día va perdiendo su color gris de siempre,
ahora te espero,
cuando ya no espero nada,
que ojos tan bellos te veo en los míos cerrados,
que bello tu cabello recién peinado,
que bella eres al mirarte con los ojos cerrados.

Cuantos días he querido tenerte aquí,
¿será la leche lo que me ha cambiado?
Que ahora aunque te amo y me sonrío,
no quiero que vengas,
porque sería profano.

Quiero dejarte vagar,
quiero vagar yo misma,
en un recuerdo impuro y bello,
que es tu figura acostada a mi lado,
vestidos tus labios en los míos forrados.

186.
De verde tu color ahora es negro,
de rojo mi deseo ahora es otro,
un trompo se deja partir en el piso del salón,
los niños ríen entonces,
y yo lloro,
pero no por el trompo,
no por el trompo lloro.

Tiene el trompo ahora un valor aparente,
que da pena a los ojos de los otros,
pero a mí me divierte verte,
me divierte que lo intentes,
aunque el trompo ya esté roto.

Rota, como el trompo está la figura,
y rota como ellos la ilusión,
Sé distinta entonces,
le digo a mi coartada,
y no puede ser otra.

187.
Ahí estas mi pequeña estrella,
pero no eres una estrella, sino un planeta,
por eso no puedo asirte,
sólo observarte,
y amarte.

Como amo levantarme tarde,
como amo escuchar tu voz en mi mente,
como amo ver las estrellas que te recuerdan,
aunque no sea sólo tu recuerdo el que vive en ellas.

188.
Aún suena en mi memoria, el diáfano sonido de ese tubo,
y se pregunta mil veces mi alma,
cuando vendrá la primavera...

Pero como ya se ha acabado el juego,
prefiero soñar con avioncitos y carros caídos del cielo,

Tal vez yo suba también...
me volveré física, cuántica.                                 
Oct. 14 Poema para Heike y Fede.

189.
Que cara, que seso, que infinito pesar te acongoja,
y yo sin poderte decir nada,
como una sombra te espío, y te estimo,
y te veo pasar indiferente por mi vera, como los alelíes,
que extraña figura me pareces,
que tan cercana a mí,
que tan lejos.

Observo el continente gris,
y me sonrío de su existencia ya marchita,
empieza a nacer una esperanza,
al otro lado.

Es la mía,
ahora toca marcar de mi costado,
entonces será divertido,
tendré yo la sartén por el mango.

Pero tal vez nunca sea ese cuando,
como nunca hay dos jueves en semana,
pero quien sabe,
tal vez me equivoco,
y no eres una rosa,
sino una pequeña flor de verano,
ahora marchita,
deshojada.

Si, lo que sucede es que no quieres que se sepa,
que amas a pesar de tu figura aparente,
como amo yo también,
a pesar de la mía propia,
y eres tu,
y soy yo,
y somos todos.

Eterno circulo vicioso,
que a veces deja caer el campanazo,
y espera un poco,
para dejar caer el otro,
eternamente,
como el amor más sano,
más limpio,
más parecido al deseo que al amor cierto.

¿Cierto amor?
que es el tuyo y no es mío,
más que la sombra que acompaña mis escritos,
y que no es nada preciso.

Como lo tuyo,
que no se entiende,
pero se presiente bueno,
por lo menos ahora,
que tiene su cuando.

Deja caer las golondrinas del patio,
espulga en tu alma adolorida,
déjamelo saber todo,
para dejar por fin dormir a mis demonios,
que se parecen tanto a mi,
que me da miedo que al morir ellos,
muera yo misma.

190.
Abajo, más abajo,
mucho más abajo,
esta mi conciencia.

Arriba,
mucho más arriba,
está la tuya,
y suena a campana de rosario,
y suena a misa.

Que sueño diáfano el que me despierta,
al verte al otro lado de esas sillas,
y no comprendo,
no, no lo entiendo,
que tienen que ver las sillas contigo,
no son tuyas.

Son de otro sueño,
como es de otro sueño el bar,
o la cantina,
y todo se revuelca en la cabeza,
que no termina de asentarse.

A veces entonces,
dan ganas de beber alcohol,
para que se emborrachen los sentidos,
y aparezcan ellos mismos,
endemoniados,
como yo,
endemoniados.

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